El pasado 24 de enero de 2026, un agente federal de migración de Estados Unidos disparó y mató a Alex Pretti, un enfermero estadounidense de 37 años, durante una operación de inmigración en Minneapolis (Minnesota). Pretti fue alcanzado por balas mientras estaba en medio de una protesta contra las tácticas de deportación y se encontraba tratando de grabar con su teléfono — según videos verificados por medios internacionales. El Departamento de Seguridad Nacional (DHS) alegó que actuó en defensa propia, pero autoridades locales y testigos desmintieron esa versión, lo que ha provocado una ola de críticas en todo el país.
La muerte de Pretti marcó el tercero de este tipo en semanas, después de otra fatalidad ocurrida en enero en la misma ciudad, lo que ha alimentado debates intensos sobre el uso de la fuerza por parte de agentes federales. Las reacciones no se han limitado a Minnesota: manifestaciones y exigencias de investigación han surgido en Nueva York, Los Ángeles, San Francisco y Boston, donde ciudadanos han salido a las calles exigiendo rendición de cuentas y la revisión de políticas federales de inmigración.
Figuras nacionales como el expresidente Barack Obama han calificado el tiroteo como una “tragedia” y una llamada de atención para revisar las tácticas de las agencias federales, mientras sindicatos como la AFL-CIO han exigido la retirada de agentes federales de la región para evitar “más muertes innecesarias”.
Este suceso ha puesto nuevamente bajo escrutinio el papel del Gobierno y las prioridades del DHS en cuanto a aplicación de la ley y derechos civiles, y podría tener repercusiones en políticas de financiación y agendas legislativas en Washington.
